domingo 7 de marzo de 2010

Hugo

Ocho meses han pasado desde el último posteo. Increible como pasa el tiempo y a veces mas increible los cambios que este trae.

Hace ocho meses estaba convencido de querer encontrar un compañero de ruta, hace ocho meses sentía ese vacio de no tener a alguien a mi lado para acompañarme, contenerme y escucharme.

Fué en estos ocho meses que llegó Hugo.
Si bien el comienzo de la relación fué un poco incierto, al paso de los dias la sensación de haber encontrado al fin, después de dos años, a ese compañero, se fué ganando fuerza.

Todo empezó en una charla de chat con un amigo mio:

- Y como anda el cuore?
- Nada todavía.. nada de nada
- Che, querés que te presente a un amigo? También anda buscando algo estable.
- Dale, pero cómo hacemos?
- Te paso su cel y le llamás. Decile que yo te dí su numero.

Hugo resultó ser un chico que a sus treinta y dos años no se mueve bien en el cyber-espacio pero en cambio está practicamente fusionado con su celular.

Al haberlo conocido por medio de un amigo mutuo llegué a pensar que él sería diferente a tantos otros que había conocido en internet. Pero con el paso de los días y la convivencia me fuí dando cuenta que ya no soy tan tolerante y que cada vez me cuesta mas hacer concesiones.

Desde el principio nos dimos cuenta que teníamos coincidencias pero también teníamos muchas diferencias.

Por ejemplo, a él le gusta el sexo mas bien fuerte (con rasguños, mordiscos y muchos gemidos) y quería que lo hicieramos son protección, yo prefiero el sexo suave, despacio, y siempre con protección. El se expresa con mas facilidad por medio de los mensajes de texto, yo prefiero el cara a cara. Aún asi decidimos intentarlo, confiando en que podriamos encontrar un punto intermedio.

Si bien Hugo no fuma, es delgado y usa el cabello corto (aspectos físicos que para mi son básicos), tiene algunas cosas que con el paso de los meses empezaron a resultarme cuando no molestas por lo menos incómodas, y el enamoramiento inicial se fué evaporando.

Hasta hace muy poco tiempo el estar mandando mensajes de texto a cualquier hora durante todo el día me resultaba divertido y que el sonido de mensaje nuevo fuera lo primero que escuchara al despertar y el último antes de dormir, ó que me sugieriera tal ó cual combinación de ropa, ó incluso la propuesta de intercambiarla.

Finalmente las diferencias pudieron mas que las coincidencias y este fin de semana me di cuenta que ya no quería seguir.

No quise seguir diciendo "te quiero" cada vez que él me lo decía, solamente porque a él le hacía bien escucharlo.

No quise seguir escuchando "que lindo chico" cada vez que nos cruzabamos con alguno.

No quise seguir explicando cada vez que nos veiamos cual es mi tipo de hombre ideal.

No quise seguir cambiando mis tardes de mate en el parque por sesiones interminables bajando música.

Si bien al principio había accedido a todo eso sin molestarme, acabé dándome cuenta que una vez más había cedido en un monton de cosas y que del otro lado no habían cedido en nada.

Como siempre me pasa en estas situaciones... decido quedarme con la enseñanza, que esta vez es la valoración de mi bien más preciado: mi independencia.

2 comentarios:

Peace-for-ever dijo...

¡Hombre! ¡Qué alegría volver a leerte!

Me parece que hiciste muy santamente, yo creo que no hay nada que valga una renuncia de nosotros mismos.

Un abrazo,

Josep

Ares dijo...

La verdad me dejaste sin palabras, le doy la razon al otro comentario, es algo que aprendi hace algunos dias y la verdad gracias por recordarmelo.

Con las otras entradas, me inspiro bastante para mi dia a dia, sigue asi y exitos.