Anochecía ese viernes de finales de verano y él se dirigia presuroso a la terminal en donde debia tomar el colectivo que lo llevaría de regreso a casa.Caminaba con paso firme y pensaba en lo que haría en ese fin de semana. Tan ensimismado iba en sus planes que no reparó en el sujeto que apuraba el paso hasta caminar al lado suyo.
Disculpa... me podés decir la hora?
La pregunta lo regresó de golpe al bullicio de la calle, colmada de transeuntes que se apresuraban para llegar a todos lados.
Son las 20:30 - respondió.
El sujeto le dió las gracias pero siguió caminando a su lado.
Eso encendió la primera señal de alarma. Eso no era lo acostumbrado. El tenía 16 años pero sabía muy bien que la ciudad estaba plagada de peligros. Disminuyó el paso para darle tiempo al sujeto que se adelantara, pero en vez de eso el sujeto disminuyó el paso tambien.
Aqui pasa algo - pensó.
Se detuvo y empezó a buscar entre el mar de rostros desconocidos alguno al cual poder recurrir en caso de que las cosas se pusieran dificiles. El sujeto dudó, camino unos metros más, y se detuvo también. Iba a entrar a la primera tienda que vió abierta cuando el sujeto le sonrió y empezó a caminar hacia él. No sabía porque no se alejaba, simplemente se quedó parado en la vereda hasta que el sujeto estuvo nuevamente a su lado.
Hola, te gustaría que te la chupara?
La pregunta cayó como agua helada. Había escuchado bien?
Uno no recibe una pregunta como esa en medio de la vereda atestada de transeuntes, y se queda como si nada pasara. La adrenalina disparó las alarmas que faltaban. Quería correr, alejarse de ahí lo mas pronto posible, regresar la seguridad del hogar, con lo suyos. Pero no hizo nada de eso. Se quedó petrificado mientras en su mente aún escuchaba la pregunta, que se repetía una y otra vez, estirando el tiempo, haciendo todo mas lento.
"Podemos ir a los baños de la escuela que está a dos cuadras de aqui".
La voz del sujeto lo sacó del trance. Entonces era verdad, había escuchado bien. No supo cuanto tiempo permaneció inmovil, sin saber que decir. Pudieron ser unos cuantos segundos pero a él le parecia que habian pasado horas. Trató de inventar una excusa, algo para librarse del sujeto, quien facilmente le doblaba la edad, pero en cambio solo dijo "está bien, vamos". El sujeto empezó a caminar por la vereda y él lo siguió. Su mente estaba en blanco, no pensó si hacía bien o mal, tampoco en el peligro. Solo pensaba en cómo sería que un sujeto como el que caminaba a su lado, un perfecto desconocido, le practicara sexo oral en un baño público. Entraron a la escuela, semi-desierta a esa hora, y se fueron directamente a los baños, que estaban completamente vacios, entraron a una de las cabinas y el sujeto cerró la puerta.
"Hagamos asi... primero me la chupas un poco y después te la chupo yo"
Un momento! Ese no había sido el acuerdo - pensó.
Intentó decir algo, pero el sujeto ya se estaba bajando el pantalón y el slip, dejando ver un pene erecto. El tamaño le impresionó. Era la primera vez que veia un pene adulto, perfectamente desarrollado y completamente erecto. Quizo huir, pero no podía apartar la mirada de aquel bien proporcionado miembro viril. El sujeto le pidió que se arrodillara, y asi lo hizo y acto seguido le acercó el glande a los labios que temblaban en una mezcla de excitación, miedo y deseo. Empezó a chupar torpemente aquel miembro, sintiendo un sabor ligeramente salado.
No supo cuando tiempo llevaban así. Empezaba a pensar que ya era hora de intercambiar posiciones pero no se daba cuenta que los movimientos del sujeto se hacían cada vez mas rápidos y rítmicos.
De pronto... una sacudida!
Algo le estaba inundando la boca. Primero pensó que era su propia saliva. Tardó unos segundos en darse cuenta que el sujeto estaba eyaculando en su boca, tal era su inexperiencia en el sexo. Una sensación de asco, rabia y verguenza lo lanzó de espalda contra la pared. A pesar de había aceptado seguir al sujeto se sentía violado, ultrajado, engañado y solo atinó a escupir aquel semen que le provocaba arcadas. El sujeto se disculpaba una y otra vez, pero él no lo escuchaba. Abrió la canilla y empezó a enjuagarse la boca en un intento frenético de limpiar aquello. El sujeto permaneció a su lado y él no sabía porqué.
Tampoco esta vez supo cuanto tiempo había pasado. Los segundos parecían minutos, y los minutos horas. Cuando sintió que no podría limpiar mas cerró la canilla, como pudo recuperó la compostura, tomó los libros y salió al patio. Lo cruzó casi corriendo, tratando de dejar atrás al sujeto. Al alcanzar nuevamente la vereda se dirigió a un kiosco y en un gesto desesperado le pidió al encargado que conversara con él como si lo conociera porque alguien lo estaba siguiendo. Al ver la escena el sujeto se detuvo, dudó unos momentos, dió media vuelta y se alejó. Había pasado el peligro.
Fué en ese momento que las piernas se le aflojaron y empezó a llorar. El regreso a casa lo hizo sumido en una especie de trance, sintiéndose cada vez más sucio, más culpable, más avergonzado.
Recordé este episodio de mi adolescencia el viernes pasado, durante una reunión en donde alguien tocó el tema de la eyaculación en la boca.
Yo dije que no me gustaba que me lo hicieran y fuí objeto de algunos comentarios sarcásticos. Hubo alguien que quizo saber porqué, pero sin dar más explicaciones dí por terminado el tema.

La psicosis de la gripe A se apodera de Argentina, agravada por la negativa del gobierno a declarar el estado de emergencia y las negligencias acumuladas durante semanas de campaña electoral, mientras el número de muertos casi se ha duplicado, pasando de 26 a 43.





